miércoles, 12 de marzo de 2008

Madrid, El Diablo Cojuelo

ESTUDIANTES DEL CURSO DE LITERATURA ESPAÑOLA III DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA_ Ha llegado a mi conocimiento de que muchos visitáis este post y que es más lo copiáis, no os olvidéis del "Big Brother" que todo lo mira...y si sois inteligentes modificarlo lo suficiente que vuestro señor profesor no es tonto y además es un canteo.




Ya comenzaban en el puchero humano de la Corte a hervir hombres y mujeres, unos hacia arriba y otros de través, haciendo un cruzado al son de su misma confusión, y el piélago racional de Madrid a sembrarse de ballenas con ruedas, que por otro nombre llaman coches, trabándose la batalla del día, cada uno con disinio y negocio diferente, y pretendiéndose engañar los unos a los otros, levantándose una polvareda de embustes y mentiras, que no se descubría una brizna de verdad por un ojo de la cara. (Luis Vélez de Guevara, El diablo cojuelo, Tranco III, 1641).

En El Diablo Cojuelo Luis Vélez de Guevara usa la alegoría para mostrarnos la realidad social de Madrid en el siglo XVII. En esta sátira el diablo cojuelo levanta “lo hojaldrado” y le muestra a Don Cleofás “la carne del pastelón de Madrid” como premio por haberle liberado.
Luis Vélez de Guevara es un hombre que como otros tantos intentó hacerse un hueco en el espacio cortesano de Madrid del XVII, poniéndose así al servicio de nobles para obtener su lugar en la corte. Vélez de Guevara se estableció en la corte madrileña en 1607 poniéndose al servicio del Conde de Saldaña, hijo del valido más importante durante el reinado de Felipe III, el Duque de Lerma. Tras unos años de penuria económica a causa de las deudas generadas por entre otras cosas el mantenimiento de una gran familia, en 1625 entró al servicio del hijo del Duque de Osuna, el Conde de Peñafiel, gracias a este consiguió el cargo de ujier de cámara regia.
Vélez participó en el ejercicio literario que se desarrollaba en la corte, asistiendo así a certámenes poéticos, veladas teatrales en palacio etc. fue tal su implicación en ese espacio cortesano que incluso llegó a corregir obras del propio Felipe IV. Por lo tanto estamos ante un escritor plenamente integrado en la corte y ante un conocedor de cada entresijo cortesano.
En 1641 se publica El Diablo Cojuelo, un repaso por la realidad madrileña del XVII, se trata de una obra compleja, de difícil lectura en la que podemos reconocer un estilo conceptista, la dificultad se centra principalmente en la concentración de significados y en la expresión del lenguaje oscura típica de el barroco.
En este fragmento del tranco III, los cortesanos salen de palacio y recorren la Calle Mayor en carrozas, este fragmento nos proporciona un claro ejemplo de la opulencia y pomposidad que rodeaba a este tipo de desfiles.
Los recursos utilizados para la descripción de estos desfiles y toda la pompa que les acompaña son la metáfora y la hipérbole. En la primera línea “Ya comenzaban en el puchero humano de la Corte a hervir hombres y mujeres” encontramos lo que Muñoz Cortés ha denominado “metáfora sobre vocablo eje”: el significado metafórico de hervir se observa claramente en una primera lectura, Muñoz Cortés añade que “al mismo tiempo hervir tiene su significado primario y tomándole en este se crea la metáfora puchero humano de la corte” por ello la metáfora de “puchero humano de la corte” nace sobre el significado de hervir, no sobre el de abundancia (Rico, 526).
Esta imagen de ajetreo se continúa durante todo el pasaje y así vemos el desfile de hombres y mujeres “arriba y otros de través”, la palabra “cruzado” que aparece en esa línea acompañado de la palabra “son”, se podría referir a una figura musical complicada de ejecutar, como define el diccionario de autoridades: “postura de la guitarra, con que con los dedos índice y largo se pisan las cuerdas tercera y primera en el segundo traste, y con el anular la segunda en el tercer traste”. Así al hervidero de gentes se le añade este complicado movimiento de hombres y mujeres que se mueven a un ritmo ajetreado. Madrid es un “piélago racional”, un mar profundo de gentes en el que abundan los inmensos carros, que son “ballenas con ruedas” mediante esta hipérbole Vélez nos pone ante los ojos una vez más la imagen de un Madrid lleno de carros y carrozas donde está presente ese juego protocolario de la corte.
Este devenir de gentes es una batalla diaria, en la que se lucha por ocupar un puesto mejor en la corte. En este Madrid cortesano del XVII cada hombre tiene su manera de buscar su hueco en la corte; “cada uno con disinio y negocio diferente” pero todos tienen en común el engaño, los medios para hacerse un hueco en la corte son varios y las intrigas y traiciones son parte de la corte en el XVII. Esta corrupción humana es tal que Vélez usa la imagen de la polvareda levantada por los carros como figura metafórica para indicar las intrigas, los ocultos tejemanejes que tienen lugar en la corte. Esta polvareda es tal que “no se descubría una brizna de verdad por un ojo de la cara”, estamos por lo tanto ante la imagen de Madrid como espacio cortesano en el que las mentiras, la corrupción e intrigas abundan, en el que la falsedad y la pompa están tan presentes en la sociedad que salen a desfilar por la calle con sus mejores y más vistosas galas.


Bibliografía:
Diccionario de Autoridades. http://buscon.rae.es/ntlle/SrvltGUISalirNtlle
Rico, Francisco. Historia y Crítica de la Literatura Española. Bruce W. Wardropper; Siglos de Oro: Barroco. Barcelona: Crítica, 1983.
Torrente Ballester, Gonzalo. Límites de la Narrativa en El Diablo Cojuelo, en Historia y Crítica de la Literatura Española. Bruce W. Wardropper; Siglos de Oro: Barroco. Barcelona: Crítica, 1983.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

uau!

Banjú -el memorioso- dijo...

=O y encontramos alguna diferencia en otra ciudad del mundo? .. je.. no lo creo.. aunke siempre he keirido concer MAdrir, ir a un partido del real tambièn. bueno por lo menos sè que arquetipicamente son parecidas muchas de las ciudades del mundo