Por fín un relato...auch!
El misterio del humo, el negro ocasional, los cordones y las carreras “accidentales”
Me gusta creer que soy excéntrica, pero no de esa clase de excentricidad de la cual presumen los artistas. Ni tengo un tic, ni visto sólo de un color, ni tengo fobias fuera de lo común, simplemente me gusta vestir de negro cuando estoy melancólica, me gusta llevar un cordón de los zapatos desatado y si ese día me entran ganas de llorar alguna carrera en las medias. Sólo para contrastar la sobriedad del negro con la pequeña imperfección. Es entonces cuando me paro a esperar a que el semáforo se ponga en verde y miro de reojo a ver si alguien repara en el cordón o en la carrera, nunca hacen comentarios sólo miran conteniendo un comentario que se pierde por que es obvio y breve. Me gusta dejar que se planteen que esas faltas son fruto de la casualidad o de la prisa de esas que sólo se ven en situaciones como la de esperar a que se abra el semáforo.
También fumo, pero no por ninguno de los motivos que la gente fuma. No me pararía jamás en un café a escribir mientras fumo. Me gusta andar rápido con mi cordón desatado y echando el humo por la nariz. Fumo así sólo cuando hace frío, por ejemplo en noviembre cuando el frío apenas te deja respirar. Nunca llevo bufanda y llevo unos guantes que yo misma corté para dejar las falanges asomando y que así se me congelen los deditos. Me encantan los calambres. También me gusta que se me congele la cara y que me lloren los ojos.
La unión escritora-cantautor
Un invierno de humo por la nariz me enrollé con un cantautor y si la mayoría me parecen cretinazos por un odio visceral a cualquier forma de creación que no sea la mía propia de él sólo diré que me pareció bonito lo que cantaba. Lloro en los conciertos pero de la misma forma de la que visto de negro, llevo el cordón desatado o la carrera en las medias. No es que rechace enamorarme, pero me da miedo a pasarme el invierno entero obligándome a fumar y sufrir como sólo sufre lo que escribo. No voy a negar que pensé mucho en los niños feos que daríamos al mundo por culpa de que él escribía de una forma y yo veía el mundo de otra. Ese invierno fume mucho.
El mismo invierno al año siguiente, cajetillas, negro, cordones y medias después
Me forcé a ser un poco excéntrica y entonces entendí la esencia de llamar la atención. Los pequeños accesos de melancolía ya eran tics de excentricidad. Él empezó a leer palabras en recitales en lugar de cantar. El niño feo que surgió de nuestra unión se había partido a la mitad: Su parte se había unido de manera más o menos bella y orgánica a otra (confieso que deseé una criatura de Frankenstein para él con todo mi negro estomago).
Mi parte había sido quirúrgicamente reconstruida y exhibía una feísima cicatriz.
El niño
El niño o relato breve iba sobre un hombre que iba a un bosque, veía árboles y no se qué hostias de repercusiones cósmicas o conciencia del ser.
¡Qué bonito era el suyo!, ¡había hasta una chica que pintaba! Y…y…el hombre iba en coche a un bosque de…pinos. ¡PINOS! Me reí tanto cuando vi el árbol elegido.
El mío intentaba ser bonito, pero me faltaban referencias. Me hubiera gustado describir los colores de ese atardecer en el horizonte de Castilla, tan plano…Pero, en lugar de dibujar con palabras, mi atardecer fue un tordillo que salió a toda velocidad por una chimenea sorprendiendo a todo el mundo en el salón y estrellándose contra la ventana. El atardecer fue ese mismo pájaro aturdido en el suelo y la mancha roja que dejó en el cristal doble. Una mancha que se expandía hasta que en sus bordes sólo se veían la sombra de un poquito de hollín y la suavidad sucia de las pequeñas plumas negras.Mis árboles eran chopos, elegantes y plateados.
Él escribió sobre un coche y pinos fálicos engendradores. Yo, como soy mujer sobre chopos y los ojos de sus pálidos troncos mirando (como en el semáforo) al hombrecillo exhausto que había caminado para encontrarse perdido.
Él hombre de su relato volvía al lado de la mujer que pintaba colores en un lienzo.
Él hombre de mi relato se quedaba en medio del bosque, paralizado, pensando que estaba demasiado triste como para no fumar.
viernes 13 de noviembre de 2009
La unión escritora-cantautor y de lo que de esta nació.
Publicado por
Helena Martín
en
16:57
4
comentarios
jueves 5 de noviembre de 2009
Donde ya no volveré a verte I
El otro día soñé que me iban a enterrar y creo que fue el día más feliz de mi vida. Había un montón de gente llorando y todo era exageradamente frágil. Estaba pletóricamente pálido y con una sonrisa que quería decir al mundo “joderos”. Lo gritaban en silencio y por eso era tan perfecto porque era un sentimiento sellado en unos labios ligeramente ciruela que hablaban sin la intervención de ningún órgano vivo. El llanto distante de las plañideras sonaba como una canción shoegaze y las notas del piano en el servicio eran como diminutas gotas de lluvia cayendo sobre las briznas de hierba verde intenso del campo como en algún anuncio de agua fresca. Las teclas eran acariciadas como si fuesen finísimos capilares sanguíneos que cuando se pulsaban se rompían en la rojez de una nariz moqueante o en unos ojos hartos de llorar. Preciosísimo, conmovedor y cuando vi a los presentes primero sentí ganas de reír (esto lo haríamos todos si viéramos quien va a comprobar que por fin hemos dejado este mundo) y luego miedo, me preguntaba si se contarían los unos a los otros todas aquellas cosas que había inventado por crear un mundo más estúpidamente/inteligentemente mágico, después de todo soy escritor y así quería que se me recordara. La mierda siempre acaba saliendo a flote pero cuando la abandera una causa literaria pasa más desapercibida y a veces incluso se relame y saborea. Además quería que todos pensarán que mi artificio fue magistral hasta el punto de haberme ido, de haberme colado por el escotillón diciendo “adieu!, adieu!” y que todos siguieran preguntándose qué clase de personaje era ese que había estado en escena.
Continuará
La Generación del CeroNueve
Publicado por
Helena Martín
en
17:21
1 comentarios
lunes 12 de octubre de 2009
La Criatura de La Muerte en Venecia

Me senté en el autobús y noté algo húmedo y desagradable entre mis piernas. Todo comenzó cuando vi en mis bragas un moco transparente de aspecto gelatinoso, como el agar-agar de la ensalada china pero más denso. Fue en ese preciso instante que empecé a visualizar unos parpados aleteando frenéticamente, unos ojos medio entornados, cada vez más vivos y brillantes una pequeña lágrima mojando levemente las pestañas y todo se acababa. Se me suele pasar, pero seguí con esa imagen durante cada hora de ese día, mientras trabajaba, mientras andaba, mientras me hablaban, cuando una mujer apretó el dispensador de líquido desinfectante de manos en un baño público. Quise avanzar pero mientras que estuviera en mis bragas la imagen seguiría en mi cabeza. Llegué a casa me duché y la imagen desapareció, en su lugar un anuncio del desodorante fa y unos pezones erectos. Un instante antes de tirar las bragas al cesto de la ropa sucia retuve la imagen en mi cabeza una vez más y esta vez por ser más nueva y distinta me trajo unas pestañas rubias y una sombra verde azulada, no turquesa sino verde suave, una media luna verde que fluía. Tumbada boca arriba desde esa perspectiva vi como lentamente se derramaba sobre mí boca, me cegaba los ojos y daba fin a ese viaje. Me llevé impulsivamente la mano a la barbilla, a los labios irritados a las mejillas encendidas, me froté la cara y empecé a reír animalmente, desperté con la cara llena de baba y gimiendo.
A veces me pasa eso se me colgaba el cerebro y retenía un momento de vacío sobrecogido por una sensación. Hubiera llegado a decir que era normal pero mi condición de escritora no me deja. Entonces las dimensiones cambian, el espacio suena, los colores huelen a cosas y se sienten en el paladar.
Y esto no hubiera sido excepcional sino fuera por que el moco transparente reapareció y la visualización se quedó instalada como una pequeña nubecita en el ojo que me hacía irresistible para los hombres, en los cuales yo sólo buscaba medias lunas verdes y pájaros de plumaje dorado atrapados en un cuarto y reía orgásmica mente por culpa de la excitación y la bella visión.
¿Qué pasará cuando el moco desaparezca? Esa pregunta no me dejaba vivir, era peor que ser “la mujer más atractiva del mundo”, que desquiciar a hombres casados y ver llorar a los más dignos.
Viví con el miedo a perderlo, cada vez olía más fuerte, cada vez más risas orgásmicas, más visiones, más hombres y allí estaba yo llorando como la magdalena más lasciva que pudierais imaginar delante del médico que me pedía que me quitara la ropa y me pusiera una bata.
-Tienes una infección.
Aún en la silla le miré y le dije
-¿y qué?
Después casi no recuerdo nada, se me debió de colgar el cerebro. La mañana que amanecí percibiendo el olor a hospital pensé que estaba volviendo a hacerlo, como escritora metida muy en su papel. Pero en el baño y en mis bragas no había moco.
Así pasé mucho tiempo pensando en volver a ese momento e intenté entrenar mi mente leyendo, viendo un montón de tele y poniéndome minifaldas. Cuando reía delante de un hombre lo intentaba y sólo conseguía miradas aterradas. Me hice a la idea de que el moco jamás volvería, dejé de depilarme ante la posibilidad de no volver a desnudarme y fui el ser gris que era, parcialmente imaginativo. En la desesperación de la noche fui testigo de la pestilencia de los miles de focos infectos que nada tenían que ver con mis piernas y entre todos ellos vi a un joven de bucles rubísimos y de ojos como los de mi visión y si antes nunca había sido capaz, ahora sentía que podía usar la palabra “miembros” para describirle. Cuando estaba a su lado sentí la humedad de mi antiguo moco y cuando de madrugada en su cama cayó desplomado, le abracé y besé gimiendo “Tadzio, Tadzio”.
La Generación del CeroNueve
Publicado por
Helena Martín
en
12:32
5
comentarios
sábado 15 de agosto de 2009
Le Vamp

Después de mucho tiempo sigo buscándome, en esta complicada geografía personal. Pero sigo como siempre mirando a mi alrededor, girando mucho y de vez en cuando escribiendo muy poquito por desgracia.
Pero sí, definitivamente tengo que retomar el strip-tease y el exhibicionismo más intimo que ninguna red social me permite.
Os dejo con le vamp, aunque no me gusta mucho...
Y cuando me creías recuerdo,
salí de la noche para morderte los sueños,
Y con polvo de luna en las encías
Te lamía la cara
¿por qué lloras plata?
Publicado por
Helena Martín
en
9:11
1 comentarios
jueves 28 de mayo de 2009
Adicciones
Un día froté una lámpara:
Y salió un genio que me concedió un deseo,
Le pedí un desfile mundial dedicado a mi persona: "quiero carrozas como las del día del orgullo, otra como la de la coronación de Isabel segunda y un sequito de pugs vestidos de esmoquin.
También quiero un coro que cante la canción de la champions, un water enorme homenaje ala poesía de esos que dan coloquios vestidos de negro, un hombre disfrazado de rosquilla, una piscina de crema catalana, mucha purpurina, miles de falos gigantes, una bandera con mi cara serigrafiada donde diga "guays populus" y...y..."
Por lo menos fuí original con el deseo, el genio puso cara de fliparla.
"-¿por qué no pides todo el dinero del mundo?
-Pues mira, lo primero, un genio tiene que ser la reostia organizando eventos (esto nos lo enseño Aladdin) y segundo por que me echaría a perder por mi predisposición a las adicciones."
Cuando me levanté del suelo espuma blanca salía de mi boca, tenía un cardado muy "casual" y el corazón me iba a mil, ¡MENUDO VIAJE! ¿sabéis lo que hice? Frotar la lámpara de nuevo que me quedaban dos deseos....
Publicado por
Helena Martín
en
11:28
3
comentarios
jueves 21 de mayo de 2009
Homunculus
"Tiró la carta diplomática al suelo y pensó que su fallo siempre había sido que no podía sacar de sí todas esas imágenes tan bellas. Se golpeaba la cabeza y la respuesta era un pitido:
-¿Hay alguien ahí?
Entonces sus ojos centelleantes se posaron en un ejemplar los Cantos de Ezra Pound. También lo había intentado con los fragmentos.
-¡Mira! ¡Ves! ¡Así!
y en ese momento una burbuja subió por su garganta y eructó sonoramente.
-¡Eso es! ¡Brillante! Sí, sí, magnífico.
Quería interiorizar la poesía crear imágenes dislocadas, palabras ásperas en alemán, odas en Inglés, sonetos en Italiano... Se sentó entre sus preciadas imágenes y empezó a abrazar los libros.
-Interiorizaos, entrad en mí...
Se sintió estúpido, sexual, inquieto, genial. Todos los mecanismos respondían y en un trance exquisito empezó a devorar palabras, a saborear versos, a comer a dos carillos libros enteros.
Interiorizó la poesía de los grandes y tras unas horas de digestión el resultado de tal empacho fue una enorme mierda, impublicable."
La Generación del CeroNueve
Publicado por
Helena Martín
en
13:59
2
comentarios
domingo 29 de marzo de 2009
El sueño II (un relato a fragmentos)

Un día mamá fue al colegio y mientras yo miraba un libro con hadas de los sueños tuvo una conversación con la maestra. No sé muy bien que se dijeron pero mamá salió llorando y diciendo “¡¡muchos niños los padecen, usted no tiene ni idea, déjenos en paz y métase en lo suyo!!”. Me agarró fuerte por el brazo “mamá me haces daño”, se puso de rodillas y con los ojos bañados en llanto me dijo “cariño, ¿te gustaría cambiar de colegio?”, yo la miré y le dije “mami no estés triste”.
Esa noche después de rezar saqué el libro de las hadas de los sueños, pensé que quizás ellas me defendieran de los angelitos de las esquinitas de mi cama. Encendí la lámpara de la mesilla y abrí el libro, había un duende dibujado con una jarra y encima el titulo: “p…p…e…pe…g…a…a…pega…o…pegao…jos…pegaojos”. El duende entraba en nuestra habitación cuando nos dormíamos y vertía miel en nuestros párpados para que tuviéramos dulces sueños, esa miel se convertía a la mañana siguiente en legañas. Sonreí y le pedí al señor que mandara a pegaojos y que no quería más angelitos.
El señor me hizo caso, pero mi duende llevaba bata blanca. El doctor pegaojos me ponía pegatinas por la cabeza y me decía que allí podía dormir que el se encargaría de que tuviera dulces sueños.
Al principio no creí al doctor pegaojos por que cuando me dormía en el laboratorio del sueño, seguí viendo como me enterraban vivo, como me ahogaban y lo que era peor, mi mamá, se la llevaban.
En el informe el doctor pegaojos escribía sin parar, a veces les podía oír hablar a el y a mi madre:
-¡Pero esque no piensa hacer nada!
-Señora, despertarle ahora tendría consecuencias muy graves.
-Pero, por el amor de Dios es un niño, ¡esque no oye como grita!-decía sollozando entre gritos.
-Por favor tranquilícese, confíe en mi, confíe en el profesional que soy y en mis años de experiencia.
-Esque, es tan difícil, no sé que hacer, hemos pasado por miles de consultas de todo tipo, psicólogos, hipnotizadores, homoterapeutas, ¡ah! Dios, dios me ayuda a llevar todo esto, sino no tendría fuerzas para vivir.
-Tranquilícese, es una terapia que funciona gradualmente, llevamos muy pocas sesiones tratándole, entienda que…
-De acuerdo-se enjugaba las lagrimas-de acuerdo doctor.
El doctor pegaojos, le dio a mamá unas pastillas para ella y otras para mí. Mi madre gritó mucho al principio, pero después aceptó las pastillas.
Publicado por
Helena Martín
en
6:44
1 comentarios
