sábado, 23 de enero de 2010

Demencia Espacial


Parido con dolor y bueno espero que después del bajón recupere el ritmo...
Cuando lo terminé le dí un beso con lengua al monitor lcd y está tan fresco que no me hago responsable de los más que probables fallos.
* * *

Demencia Espacial.

“Todo aquel que desee participar y formular sus preguntas es libre de hacerlo” El salón de actos estaba a reventar esperando el gran acontecimiento. Sillas plegables, una decoración un tanto infantil y en la tarima una mesa en la que tres de los delegados de las distintas áreas moderaban las intervenciones y daban la palabra ordenadamente. Llevo puesto un traje sobrio, bastante sobrio y al mirarme en el espejo del hall veo difuminados los rasgos que me habían hecho digna de estar allí, parecía otra y era yo misma. Abro la puerta con mente temblorosa pero con mano firme y para mi sorpresa el salón ni siquiera nota la interrupción, frente a mí un largo pasillo formado por las sillas plegables, de fondo un enorme telón color salmón y bajo el telón un mural con las fotos de los fundadores y el símbolo de la asociación.

Aquella semana como tantas otras había estado de viaje por muchos lugares, quizás demasiados y desde luego más que de costumbre. Me probaron durante un tiempo. Primero la enorme silla giratoria en la que sientes que tus músculos faciales se vuelven elásticos, tensos, luego cada vez más blandos y terminan por desaparecer en una masa de puré de cara. También me hundí en esa enorme piscina de pruebas con todo el equipo encima sólo para demostrar que podía con la ingravidez y que en tales condiciones podía maniobrar y manipular lo que a mi al rededor se hallaba y por último toda clase de pruebas psicológicas. No puedo decir si pasé los test o no, sólo sé que terminé confundida y con dolor de cabeza, frotándome los ojos enrojecidos por enfrentarse a toda clase de desafíos mentales. Si estoy aquí supongo que tengo que estar orgullosa por pertenecer a esta asociación, supongo que de alguna forma he ganado, que soy la mejor y mi premio ha sido el viaje.

Antes de que el viaje comenzará el médico me dio unas pastillas, para los mareos o algo así y me pasé semanas vomitando. Cuando los ojos se me llenaban de lágrimas y lloraba gotas muy saladas pensaba que quizás por fin había aprendido cual es la forma y el objetivo de llorar: vaciarse por dentro, y vacía todo era como una enorme, roja y brillante manzana de cera : apetecible, pero plástico al fin y al cabo. Desde que me dieron las pastillas me arden las entrañas. A veces me alegro de sentirlas y otras veces alargaría un brazo por mi garganta y me volvería de dentro a fuera como a un calcetín. Todos los de la misión tenemos que pasar por procesos similares.

Y siendo un tronco hueco subí al autobús puesto por la organización, apoyé la mejilla contra el frío cristal, quise dormir, pero el zumbar de mi misión me recordaba lo importante que era y que tendría que ser valiente cuando llegara el momento. Tenía los típicos nervios que te hacen imaginarte saliendo de cosas peores y hablar para ti mismo “pero si no pasa nada, tú eres capaz de esto y más. TÚ. ERES. CAPAZ”. Durante el viaje me inclinaba cuando el autobús tomaba una curva lo que tendría que haber sido terriblemente molesto para la persona sentada en el asiento de al lado de no ser por que iba profundamente dormida, las pastillas quizás, me giré en el asiento y vi que todo el mundo dormía reinando un silencio estremecedor, manzana de cera, curvas cerradas, tu eres capaz...¡capaz! Imaginaba que nos estrellábamos, manzana de cera, yo soy capaz "¡CERA!" grité, cuando lo que quería haber gritado es “¡CAPAZ!”. Miré a mi alrededor y nada. Me enrosqué en un ovillo de mocos, pelos, y lágrimas vomitivas. Me tragué la pastilla y sentí como se quedó para siempre en mi garganta.

Los tacones avanzan ya hacia el estrado dispuesta a decir lo orgullosa que estoy de estar aquí y de lo duro que había sido el periodo de pruebas, en lo valientes que éramos todos, en las maravillas del programa, en lo estupendo del viaje, en que mi vida había cambiado, gracias a Mr. Tal, muy agradecida Mr. Pascual. Los delegados me dan paso y mientras me presentan repito en voz baja el principio de mi discurso: “Dicen que los que van al espacio vuelven todos tocados (pausa para risas) Yo, nunca pude volver.”

Se oye un golpe seco en el salón al que quiero prestar atención pero tengo cosas más importantes en mente, mi discurso, un discurso de cera apetecible para mi y los que lo oigan, pero de plástico e insípido. Pienso seriamente en cambiarlo y contar lo que de verdad había supuesto ese viaje para mi, llegué al programa porque un día conocí a alguien.

-Siempre había tenido ganas de conocerte, nos hemos visto un par de veces pero nunca me he atrevido a ir más allá. Le dije al escocés de ojos color miel vidrioso.

Fuimos a pasear y nos colamos en un restaurante lleno de gente, no teníamos reserva pero entramos sin importarnos los estirados que nos miraban hablar con ese acento, esa erre a tropezones y esos lengüetazos que nos metíamos.

-Quiero más de tí. Le dije al escocés.

Y él me lo dio, sabía cantar y hacer música de lo que nos rodeaba, era interesante y escuchaba, reía cuando tenía que reír, llorábamos cuando teníamos que llorar, me hacía feliz, furiosa, atractiva, despreciable, me hacía ser lo que quisiera ser y me hacía odiar lo que era.

A través de sus ojos veía y eran ellos los que me resguardaban de la visión del mundo. A través de sus ojos descubría.

Como dije, fue él el que me hizo entrar en el programa y gracias a él estoy haciendo este viaje. La ingravidez no se parece en nada a la de estar sumergida en una piscina, el cuerpo se comporta de manera distinta a como lo hacía durante las pruebas. No soy blanda, no tengo textura. La oscuridad es muy diferente y aquí a millones de kilómetros de la tierra os veo a todos manzanitas de cera y me descojono. Oigo por la radio que me llama todo el centro de control de la tierra “¡¡vuelva!! ¡¡vuelva!!” oigo a mi Escocés reír de fondo. Repaso por última vez el principio del discurso: “Dicen que los que van al espacio vuelven todos tocados (pausa para risas) Yo, nunca pude volver.”


6 comentarios:

Julio González dijo...

señorita Helena, me dispongo a apuntarme, en este momento, a cualquier plan espacial en el que pueda, como parte de las pruebas, declarle mi amor a usted y a su relato.

Soy fan. Ya no volveré a dudarlo. Ya no volveré.

Helena Martín dijo...

uf! gracias de verdad que me quedo en blanco y no sé que decir sólo gracias, me hacía falta.
Un besazo!

dEsoRdeN dijo...

¿también hay escocesas ingrávidas en ese plan espacial? Aunque pensándolo bien, dudo que puedan flotar, con tanta cerveza acumulada en las venas...

María del Mar dijo...

Sigues escribiendo tan bonito...
Son fan.
he vuelto, espero que visites:)

http://marimarotrolugar.blogspot.com/

saelia dijo...

te quiero sabes, incluso te admiro un poco: eres como la hermana pequeña que nunca quise tener pero ahora quiero.


espero que esto te resulte inspirador, a mi me ha hecho un agujero en la cabeza, y da cáncer de ojo.
http://wallstreet.blog.bg/zabavlenie/2010/02/04/horata-ot-uolmart-unikalna-fotogaleriia.486556

Helena Martín dijo...

kalinka! qué maravilla sister,el cirílico me vuelve loca.
yo si que te quiero moza pucelana